Cuando el cuerpo de Carlos Soria se quede sólo esta madrugada, lo está desde las 20 en el cementerio privado Parque Las Fuentes de General Roca donde fue sepultado, recién ahí se cumplirán 24 horas de su deceso, según lo que se escribe en el certificado de defunción. Cuando parezca que definitivamente no podrá volver a existir, a pesar de que murió alrededor de las 5 tras recibir un disparo, allí finalmente se habrá muerto el gobernador de Río Negro. Fue un 1 de enero. El primer día del año siguiente al que ganó las elecciones provinciales tras 28 años de gobierno radicales. Lo mató un disparo en el rostro. Una bala, de la que todavía no se tiene certeza de cómo y quién la disparo, a pesar que el juez de la causa Emilio Stadler circunscribió el hecho al mandatario y a su esposa, más precisamente al cuarto de ambos en la casa de la chacra que Soria tenía en Paso Córdova, a menos de 10 kilómetros de la ciudad. En esa pieza el fuego del cañón del 38, propiedad del mismo gobernador, iluminó su cuerpo que fue asistido por médicos allegados mientras yacía semidesnudo sobre la cama de la habitación. La información oficial tardó y las hipótesis se multiplicaron, algunas potenciadas en la multiplicación de las estupidez, pero otras tapando el bache de contenido y sumando aristas a la investigación judicial que por ahora circula vía secreto de sumario.
Los llamados estallaron antes de las 6. "Mataron a Soria". Todos los sabían. Incluso todos los jóvenes que salían de los boliches o que seguían brindando por el Año Nuevo. Sabían y repetían. Todo pasó rápido. Pero desde el hospital asustados pidieron que el llamado se redireccionara a la Policía. Y la Policía, informó que el Comisario no estaba en ese momento. Sin embargo luego se conoció que a las 4:47 el gobernador murió. En principio se dijo que el Gobernador llegó sin vida al hospital López Lima de Roca, luego se confirmó la realización de tareas de reanimación que resultaron en vano. Soria fue trasladado en ambulancia hasta el hospital y no a clínicas privadas. A las 5 estaba confirmado su deceso, pero claro, esto se supo no hasta a las 6 cuando el Diario Río Negro fue quien oficializó la noticia. Antes, en las redes sociales, ya había mensajes que preguntaban y otros que confirmaban. De ahí en más todo transcurrió en base a la práctica del teléfono descompuesto, hasta que fueron tomando fuerza los datos periodísticos. Pero claro, todo y de todo, ya se había dicho. Que fueron dos disparos, que la mujer se incriminó inmediatamente, que una pelea familiar, que una pelea por viejas cuestiones familiares. Todo después no decantó y sembró las dudas que ni el gobierno, ni la familia, ni la justicia despejaron.
Difícilmente puedan pensarse otras hipótesis de las que baraja la prensa: una disputa familiar. Lo confirmó el juez al verse obligado a aclarar que "el hecho se habría producido en horas de la madrugada del día de la fecha; en el interior de la habitación matrimonial que ocupaba el Dr. Soria y su Sra. esposa" y al agregar que "ningún elemento probatorio, ni siquiera indiciarlo, permite sospechar que pudiese haber intervenido en el hecho alguna otra persona ajena a las ya mencionadas". Pero también difícilmente se pueda pensar que sólo fue "producto de un accidente doméstico, debido a la manipulación de un arma de fuego", como escribió el comunicado oficial del Gobierno rionegrino. Creo que a la opinión pública poco le importa el contenido de la disputa familiar que llevó al desenlace que terminó la muerte de Soria, porque es parte inconquistable de la vida privada de la familia del gobernador, y seguramente en base a ésto sus hijos habrán decidido no realizar un funeral público. Pero las causas y condiciones de la muerte del Gobernador de una provincia sí interesan. Y son respuestas que no se le deben a la prensa, sino al pueblo que lo votó y, también, al pueblo que no lo votaron. Así se suman sospechas, aún en zonas en las que no las hay. Soria, el funcionario, el legislador, el intendente, el político e incluso el que fue gobernador por 21 días, ese es parte también de otros miles que le entregaron la dirección.
La mujer de Soria, Susana Freydoz, quien al descartarse el suicidio aparece como la principal sospechosa de la muerte, a pesar que el justicia no informó su condición ni como testigo ni como imputada, se presentó ante Stadler en el juzgado y allí declaró. Estuvo acompañada de su hija, quien junto a su novio, fueron las otras dos personas que se encontraban en la finca al momento de escucharse el disparo. Freydos no quedó detenida y tampoco se conoce si podrían imputarla en las próximas horas. Minutos antes de las 17 dejó el juzgado. Si bien no trascendieron dichos de su declaración, se espera que refuerce la idea de una pelea y un forcejeo que terminó con el disparo.
Sin el informe preliminar de los forenses se confirmó que el gobernador recibió un disparo en el rostro, sobre el pómulo izquierdo, con un arma de fuego calibre 38. Fue el único impacto que recibió, aunque no se sabe si se efectuaron otros disparos. La herida que recibió Soria tenía orificio de entrada pero no de salida, por lo que especialistas en tiro indican que el disparo debió efectuarse a muy corta distancia, creen que a menos de un metro. Explican que un disparo a corta distancia le resta fuerza a la bala que a mayor separación toma mayor potencia. Sin embargo los datos de la autopsia aún no se conocían. Porque otro dato que se informó desde fuentes cercanas es que el disparo había ingresado en forma recta, es decir, en forma horizontal, lo que restaría chances a la teoría de disparo en un forcejeo.
La ciudad soportó 40 grados centígrados de calor en medio de una ola de calor que estaba pronosticada desde la semana pasada. Con el correr de las horas vecinos se fueron congregando frente al municipio, que hoy dirige Martín Soria, mientras observaban el desfile de funcionarios y militantes del Peronismo. Entre los que llegaron temprano se pudo ver al senador Miguel Angel Pichetto. El cuerpo de Soria fue trasladado antes del mediodía hasta la morgue y posteriormente a una sala velatoria en el centro de la ciudad, desde donde fue conducido, con custodia policial -que esperó el féretro en formación- hasta el cementerio, donde descansarán sus restos. En una ceremonia íntima y veloz, alrededor de las 20 fue sepultado. Tenía 62 años, tres hijos varones y una mujer, y tres nietos.
La muerte clausura la vida. Y con esto, todo. Muchas de las condolencias que se escucharon en las radios locales repetían la incredulidad de lo ocurrido e imaginaban otro final para el "Gringo". Como acostumbra la muerte volvió a trascender proyectos personales y políticos. Algo tan sencillo como eso, como la muerte, trunca entre otras cosas la práctica política, lo que se considera como unos de los registros de realidad más sólidos de la vida. Más allá de las expectativas inmediatas. Esta vez, algo tan sencillo como "un accidente doméstico".
Mañana, luego de haber visto el cuerpo de Soria tapado con una bolsa plástica en lugares en los que él no hubiese accedido estar, como la cúpula de una F-100 al lado de la rueda de auxilio, sin acompañantes. Recién ahí habremos compendrido la muerte. No habremos visto el cadáver, pero sabremos que no estará más y se habrá naturalizado el fallecimiento de Soria.